13 de abril de 2011

Un cuadro patético


Una habitación.
Un reloj redondo que gira sin parar.
Un espejo manchado de pintalabios.
Un sofá lila oscuro con arañazos de gato.
Un armario pequeño con ropa que asoma.

Una mujer.
Una mujer sentada en un sofá.
Una mesita blanca al lado del sofá.
Un teléfono que espera en la mesita blanca al lado del sofá.


El tiempo va mucho más despacio.
Una mujer que se maquilla y deja mancha en el espejo.
Se viste con la ropa que asoma del armario.
Se sienta.
Se sienta y espera.


Su belleza producto de su ilusión se desvanece con el incesable tic-tac del reloj.


Una puerta.
Una puerta que se abre para cerrarse.
O para nunca abrirse. 


Un teléfono que sirve para llamar, nunca para recibir llamadas.
Una mujer de eje recto que se dobla por la mitad.


Unos ojos brillantes.
Empiezan a resbalar por su mejilla húmeda que se mezcla con el maquillaje cual paleta de un pintor.


Su cara.
Su cara esta llena de colores.
Mezclados con arte.
El arte de la espera.
Del llanto.
De la mentira y de la vergüenza.


Un cuadro patético.