25 de febrero de 2009

Fracaso Laboral, Emocional y Social



Busco consuelo debajo de estas palabras que ahora escribo, seguro que ellas no me juzgan ni tampoco deciden si soy apta para un trabajo o no.

El hambre de aburrimiento es mi peor enemiga y la comida su mejor solución.

Todo apunta a la crisis pero algo me dice que el error está en mi, los nervios quizás o el poco poder de convicción a la hora de adular al jefe de personal para convencerle que soy la mejor candidata, mi postura corporal, mis ojos que ya se clavan fijamente escuchando el sermón y la hartada de mentiras que te dicen los entrevistadores/as.

Calculando el número de entrevistas escritas en mi agenda que he hecho desde mi último trabajo el día 1 de Noviembre de 2008, la jugosa cantidad de idas venidas y de esperanzas desvanecidas suman a 32 entrevistas, todas con una misma respuesta: ya te llamaremos concluida con una sonrisa de "al igual", de "tu no sirves para esto ni para nada" y realmente mi desesperación sube como la espuma de la heineken que cada sábado sigue fiel a mi.

Me considero polivalente, polifacetica, se hacer todo lo que me echen, desde cocinar, estar en una recepción, empaquetar cajas o estar con niños pero parece que los magnates del trabajo no lo consideran así, es más, hablo un inglés muy superior a todos aquellos que entrevistan o que creen que no lo hablo suficientemente bien.

Soy una incomprendida laboral y social, nadie se molesta en indagar porque, pero si se molesta en hablar: "es que es así".

Posiblemente hoy es uno de los peores días desde que llegué de Reino Unido.

El amor ya no significa nada para nadie, todos somos tan exigentes con los demás que somos incapaces de querer.
Incapaces de ver más allá de los cuerpos o de lo fácil, lo fácil no es viable hoy en día, caminamos hacía el masoquismo, cuanto más difícil mejor y si hace daño todavía más.

Mi casa (la que comparto con dos personas más) parece un hostal, entradas y salidas, jaleos nocturnos sin restricción de horas, ladridos y desorden injustificados.

Como dijo una buena amiga mía cualquier día al encender la tele de mi casa me sale Mercedes Milá y me dice :"Marta, sí estás nominada", al fracaso claro está.